Una organización civil sin fines de lucro nacida del compromiso de un grupo de personas convencidas de que la malnutrición infantil tiene solución — si se actúa a tiempo, con método y con constancia.
No son palabras en una pared. Son los criterios con los que tomamos cada decisión, desde cómo atendemos a las familias hasta cómo rendimos cuentas a los donantes.
Los hitos que marcaron el camino desde el primer centro hasta hoy.

El 12 de marzo de 2025, después de meses de obra y preparación, el Jardín Maternal Faro abrió sus puertas en el Centro San Isidro. Es el primer espacio Montessori para niños de 0 a 3 años en el barrio, y marca un antes y un después en la historia de ACER: por primera vez, intervenimos en los primeros 1.000 días de vida — la ventana más crítica para prevenir el daño irreversible de la desnutrición.
El Jardín funciona bajo el Programa PIM — Primera Infancia Montessori, con salas equipadas con materiales diseñados para estimular el desarrollo sensorial, motor y cognitivo desde el nacimiento. No es un jardín común: es una intervención integral que combina nutrición, estimulación y acompañamiento a las familias.
La Comisión Directiva y los colaboradores que hacen posible el trabajo cotidiano en los dos centros.
Un grupo de mujeres voluntarias que organizan las ferias mensuales en la sede de ACER San Isidro, prestando un servicio a las familias del programa y al barrio en general.
Cada centro trabaja de lunes a viernes con las familias de su barrio. Misma metodología, mismo compromiso, contextos distintos.
Nuestro centro fundacional. 17 años de trabajo con familias del Barrio Las Flores.
Sede del programa de voluntariado internacional
Inaugurado en 2011, atiende las comunidades de La Cava y Villa Uruguay. Fue el primero en incorporar el Jardín Maternal Faro y la huerta orgánica comunitaria.
Creemos que quien apoya nuestro trabajo tiene derecho a saber exactamente cómo se usan los fondos. Por eso publicamos nuestra contabilidad completa y auditada.
Cada persona que se une — como donante, voluntaria o aliada corporativa — escribe el próximo capítulo de ACER.
Mi nombre es Estefanía Gallo y tengo 31 años. Terminé el secundario a los 17 y a los 20 fui madre por primera vez. Como muchas mujeres, dejé de lado trabajos y planes de estudio para dedicarme de lleno a la maternidad. A los 22 tuve mi segunda hija y a los 25, el tercero.
Llegué a ACER por una propuesta del jardín al que asistían mis hijos, para adentrarme en el ambiente Montessori. Cuando entré por primera vez, quedé enamorada del ambiente y de la forma de trabajo. Empecé a informarme más sobre el método y así conocí la Fundación Argentina María Montessori, donde decidí formarme como Asistente.
La comisión directiva y los trabajadores de ACER, a quienes voy a estar siempre agradecida, me dieron enseguida la oportunidad de trabajar con ellos.
Después de tres años llegó la tan esperada beca, otorgada por la Fundación Montessori y ACER, para formarme como Guía Montessori. Accedí a ella orgullosa, con entusiasmo y responsabilidad.
En agosto de 2019, con mucho esfuerzo y sacrificio, obtuve mi título con validez mundial. Me resulta difícil expresar mi felicidad con palabras, y ni hablar del orgullo que sentí al ver a mis hijos en la entrega de diplomas.
Trabajar en ACER me llena de placer: me da la posibilidad de ayudar a las familias que asisten, sembrando un granito de arena en la estimulación y la crianza de sus hijos, y demostrando que se puede salir adelante. Disfruto de la alegría de los niños al encontrar un ambiente que les permite liberar su potencial al máximo.
Espero que mi experiencia motive a muchas mamás —de este centro y de tantos otros— a salir adelante y crecer, profesional y personalmente, cultivando grandes valores para, entre todos, hacer un mundo mejor.
Romi e Isa tienen varias cosas en común: ambas tuvieron tres hijos, saben coser con habilidad y trabajan para salir adelante y mejorar su calidad de vida.
Se conocieron hace varios años, gracias a que sus hijos eran amigos de la escuela. Isa (50) se animó a invitar a Romi (41) al centro ACER de Vicente López. Y una vez que Romi llegó, no se fue más.
A partir de su participación en los talleres, y no sin algunos miedos, aprendieron costura, tejido, bordado, manicura, baile, cocina y bijou, descubriendo talentos que no sospechaban tener. Con mucha valentía decidieron lanzar su propio emprendimiento de bolsas de tela sustentables, a partir de las técnicas aprendidas en ACER y el apoyo del personal del centro.
Un sueño impensado: para Romi, que siempre se consideró desprolija para bordar y descubrió que es todo lo contrario; y para Isa, que luego de una dura historia personal y familiar encontró un rumbo laboral que la motiva y la sostiene.
Empezaron de a poco: con la antigua máquina de coser de una de sus abuelas, un grupo de WhatsApp, y la ayuda de Sergio, el marido de Isa, a quien llaman "El Cortador" por su precisión milimétrica para medir y cortar las telas.
Hoy, junto a dos madres más que conocieron en el centro, son las impulsoras de @madrazasbsas: fabrican bolsas de tela para distintos negocios y trabajan con constancia y alegría para que el proyecto crezca con cada paso.