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En los barrios donde trabajamos, la falta de nutrición adecuada en los primeros años de vida puede determinar el futuro de un niño para siempre. ACER interviene antes de que el daño sea irreversible.
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Cómo respondemos
ACER no inventó una solución nueva. Adoptó y adaptó dos metodologías con décadas de evidencia científica — CONIN para la nutrición y Montessori para el desarrollo cognitivo — y las combinó en un modelo de intervención integral que actúa exactamente en la ventana crítica de 0 a 3 años.
El resultado es un programa donde cada niño recibe atención nutricional, estimulación temprana y acompañamiento familiar de forma simultánea y sostenida.
Lo que hacemos
Cada programa está diseñado para actuar sobre una dimensión específica del problema. Juntos forman un sistema de intervención integral que acompaña al niño y a su familia desde el primer día.
Detección temprana y recuperación nutricional para niños de 0 a 5 años con bajo peso o talla. Seguimiento clínico mensual con pediatra y nutricionista.
Desarrollo cognitivo, motor y emocional para niños de 0 a 3 años a través de ambientes preparados y materiales Montessori diseñados para la primera infancia.
El niño no se puede separar de su familia ni de su entorno. Trabajamos con la unidad familiar como motor de cambio social.
Una madre con herramientas es la mejor inversión en el futuro de un niño. Nuestros talleres apuntan a la autonomía y al empoderamiento.
Nuestro proyecto más reciente y más ambicioso. El Jardín Maternal Faro es el primer espacio Montessori de primera infancia (0 a 3 años) en el barrio, desarrollado bajo el Programa PIM — Primera Infancia Montessori — en alianza con la Municipalidad de San Isidro.
Lo que medimos
Cada programa tiene indicadores claros que medimos periódicamente. La transparencia en los resultados es parte de nuestro compromiso con los donantes y las familias.
Cada donación, cada hora de voluntariado, cada empresa que se suma hace posible que este trabajo continúe.
Mi nombre es Estefanía Gallo y tengo 31 años. Terminé el secundario a los 17 y a los 20 fui madre por primera vez. Como muchas mujeres, dejé de lado trabajos y planes de estudio para dedicarme de lleno a la maternidad. A los 22 tuve mi segunda hija y a los 25, el tercero.
Llegué a ACER por una propuesta del jardín al que asistían mis hijos, para adentrarme en el ambiente Montessori. Cuando entré por primera vez, quedé enamorada del ambiente y de la forma de trabajo. Empecé a informarme más sobre el método y así conocí la Fundación Argentina María Montessori, donde decidí formarme como Asistente.
La comisión directiva y los trabajadores de ACER, a quienes voy a estar siempre agradecida, me dieron enseguida la oportunidad de trabajar con ellos.
Después de tres años llegó la tan esperada beca, otorgada por la Fundación Montessori y ACER, para formarme como Guía Montessori. Accedí a ella orgullosa, con entusiasmo y responsabilidad.
En agosto de 2019, con mucho esfuerzo y sacrificio, obtuve mi título con validez mundial. Me resulta difícil expresar mi felicidad con palabras, y ni hablar del orgullo que sentí al ver a mis hijos en la entrega de diplomas.
Trabajar en ACER me llena de placer: me da la posibilidad de ayudar a las familias que asisten, sembrando un granito de arena en la estimulación y la crianza de sus hijos, y demostrando que se puede salir adelante. Disfruto de la alegría de los niños al encontrar un ambiente que les permite liberar su potencial al máximo.
Espero que mi experiencia motive a muchas mamás —de este centro y de tantos otros— a salir adelante y crecer, profesional y personalmente, cultivando grandes valores para, entre todos, hacer un mundo mejor.
Romi e Isa tienen varias cosas en común: ambas tuvieron tres hijos, saben coser con habilidad y trabajan para salir adelante y mejorar su calidad de vida.
Se conocieron hace varios años, gracias a que sus hijos eran amigos de la escuela. Isa (50) se animó a invitar a Romi (41) al centro ACER de Vicente López. Y una vez que Romi llegó, no se fue más.
A partir de su participación en los talleres, y no sin algunos miedos, aprendieron costura, tejido, bordado, manicura, baile, cocina y bijou, descubriendo talentos que no sospechaban tener. Con mucha valentía decidieron lanzar su propio emprendimiento de bolsas de tela sustentables, a partir de las técnicas aprendidas en ACER y el apoyo del personal del centro.
Un sueño impensado: para Romi, que siempre se consideró desprolija para bordar y descubrió que es todo lo contrario; y para Isa, que luego de una dura historia personal y familiar encontró un rumbo laboral que la motiva y la sostiene.
Empezaron de a poco: con la antigua máquina de coser de una de sus abuelas, un grupo de WhatsApp, y la ayuda de Sergio, el marido de Isa, a quien llaman "El Cortador" por su precisión milimétrica para medir y cortar las telas.
Hoy, junto a dos madres más que conocieron en el centro, son las impulsoras de @madrazasbsas: fabrican bolsas de tela para distintos negocios y trabajan con constancia y alegría para que el proyecto crezca con cada paso.