No medimos el impacto en intenciones sino en datos reales: niños que recuperaron el peso esperado, madres que generan sus propios ingresos, familias que rompieron el ciclo.
Cada indicador es el resultado de años de trabajo sostenido, metodología probada y el compromiso de cientos de familias, profesionales y donantes.
Cada programa tiene métricas propias de seguimiento. Estos son los resultados acumulados medidos sobre los niños y familias que completaron al menos un ciclo completo de acompañamiento.
Estas son algunas de las historias de quienes forman parte de ACER — familias, voluntarios y colaboradores que eligieron ser parte del cambio. Publicadas con autorización expresa de cada persona.
Estefanía llegó a ACER por el jardín al que asistían sus tres hijos, para conocer de cerca el ambiente Montessori. Se enamoró del método, y la comisión directiva le dio la oportunidad de sumarse a trabajar en el centro.
Con el acompañamiento de ACER se formó como Asistente en la Fundación Argentina María Montessori y, tres años después, accedió a una beca para formarse como Guía Montessori.
Se conocieron en ACER a través de sus hijos. En los talleres aprendieron costura, bordado y otros oficios, y descubrieron talentos que no imaginaban tener. Hoy fabrican bolsas de tela sustentables bajo su propia marca.
Leer historia completa →Pasó por ACER como mamá y hoy está a cargo del área de costura del Centro de San Isidro. En el camino fundó su propia marca, @miaa.creaciones. Ella misma lo cuenta en primera persona.
▶ Ver testimonioLidia comparte, en este testimonio, cómo fue su paso por ACER y lo que significó para ella y su familia.
▶ Ver testimonioSusana comparte, en este testimonio, cómo fue su paso por ACER y lo que significó para ella y su familia.
▶ Ver testimonioOrganizaciones y programas que validaron nuestro trabajo a lo largo de los años. Cada reconocimiento es el resultado de una evaluación externa independiente.
El impacto de ACER es el resultado de una red de organizaciones, instituciones y empresas que creen en el mismo objetivo. Estas son las alianzas activas que sostienen nuestra operación.
Cada donación, cada hora de voluntariado, cada empresa que se suma escribe el siguiente capítulo de esta historia.
Mi nombre es Estefanía Gallo y tengo 31 años. Terminé el secundario a los 17 y a los 20 fui madre por primera vez. Como muchas mujeres, dejé de lado trabajos y planes de estudio para dedicarme de lleno a la maternidad. A los 22 tuve mi segunda hija y a los 25, el tercero.
Llegué a ACER por una propuesta del jardín al que asistían mis hijos, para adentrarme en el ambiente Montessori. Cuando entré por primera vez, quedé enamorada del ambiente y de la forma de trabajo. Empecé a informarme más sobre el método y así conocí la Fundación Argentina María Montessori, donde decidí formarme como Asistente.
La comisión directiva y los trabajadores de ACER, a quienes voy a estar siempre agradecida, me dieron enseguida la oportunidad de trabajar con ellos.
Después de tres años llegó la tan esperada beca, otorgada por la Fundación Montessori y ACER, para formarme como Guía Montessori. Accedí a ella orgullosa, con entusiasmo y responsabilidad.
En agosto de 2019, con mucho esfuerzo y sacrificio, obtuve mi título con validez mundial. Me resulta difícil expresar mi felicidad con palabras, y ni hablar del orgullo que sentí al ver a mis hijos en la entrega de diplomas.
Trabajar en ACER me llena de placer: me da la posibilidad de ayudar a las familias que asisten, sembrando un granito de arena en la estimulación y la crianza de sus hijos, y demostrando que se puede salir adelante. Disfruto de la alegría de los niños al encontrar un ambiente que les permite liberar su potencial al máximo.
Espero que mi experiencia motive a muchas mamás —de este centro y de tantos otros— a salir adelante y crecer, profesional y personalmente, cultivando grandes valores para, entre todos, hacer un mundo mejor.
Romi e Isa tienen varias cosas en común: ambas tuvieron tres hijos, saben coser con habilidad y trabajan para salir adelante y mejorar su calidad de vida.
Se conocieron hace varios años, gracias a que sus hijos eran amigos de la escuela. Isa (50) se animó a invitar a Romi (41) al centro ACER de Vicente López. Y una vez que Romi llegó, no se fue más.
A partir de su participación en los talleres, y no sin algunos miedos, aprendieron costura, tejido, bordado, manicura, baile, cocina y bijou, descubriendo talentos que no sospechaban tener. Con mucha valentía decidieron lanzar su propio emprendimiento de bolsas de tela sustentables, a partir de las técnicas aprendidas en ACER y el apoyo del personal del centro.
Un sueño impensado: para Romi, que siempre se consideró desprolija para bordar y descubrió que es todo lo contrario; y para Isa, que luego de una dura historia personal y familiar encontró un rumbo laboral que la motiva y la sostiene.
Empezaron de a poco: con la antigua máquina de coser de una de sus abuelas, un grupo de WhatsApp, y la ayuda de Sergio, el marido de Isa, a quien llaman "El Cortador" por su precisión milimétrica para medir y cortar las telas.
Hoy, junto a dos madres más que conocieron en el centro, son las impulsoras de @madrazasbsas: fabrican bolsas de tela para distintos negocios y trabajan con constancia y alegría para que el proyecto crezca con cada paso.