Trabajamos desde hace hace 19 años en la prevención de la malnutrición infantil, la estimulación temprana y el fortalecimiento de las familias, Acompañando Con Educación y Responsabilidad
No alcanza con dar alimento. El desarrollo humano requiere nutrición, estimulación, educación y acompañamiento.
La malnutrición infantil no es solo falta de comida. Es un ciclo que afecta el desarrollo cognitivo, la capacidad de aprender y las oportunidades de toda una vida. Romper ese ciclo requiere intervención temprana, sostenida y profesional.
Ver nuestra metodología →"Cuando llegué a ACER, mi hijo tenía bajo peso y yo no sabía qué darle de comer. Hoy tiene 4 años, está en el jardín y come de todo. Eso no tiene precio."
Ambos centros funcionan de lunes a viernes y atienden a familias de los barrios más vulnerables del GBA Norte.
Centro 1 · Activo desde 2007
Centro 2 · Activo desde 2010
Una vez al mes, un resumen de lo que pasó en los centros y cómo seguir ayudando.
Mi nombre es Estefanía Gallo y tengo 31 años. Terminé el secundario a los 17 y a los 20 fui madre por primera vez. Como muchas mujeres, dejé de lado trabajos y planes de estudio para dedicarme de lleno a la maternidad. A los 22 tuve mi segunda hija y a los 25, el tercero.
Llegué a ACER por una propuesta del jardín al que asistían mis hijos, para adentrarme en el ambiente Montessori. Cuando entré por primera vez, quedé enamorada del ambiente y de la forma de trabajo. Empecé a informarme más sobre el método y así conocí la Fundación Argentina María Montessori, donde decidí formarme como Asistente.
La comisión directiva y los trabajadores de ACER, a quienes voy a estar siempre agradecida, me dieron enseguida la oportunidad de trabajar con ellos.
Después de tres años llegó la tan esperada beca, otorgada por la Fundación Montessori y ACER, para formarme como Guía Montessori. Accedí a ella orgullosa, con entusiasmo y responsabilidad.
En agosto de 2019, con mucho esfuerzo y sacrificio, obtuve mi título con validez mundial. Me resulta difícil expresar mi felicidad con palabras, y ni hablar del orgullo que sentí al ver a mis hijos en la entrega de diplomas.
Trabajar en ACER me llena de placer: me da la posibilidad de ayudar a las familias que asisten, sembrando un granito de arena en la estimulación y la crianza de sus hijos, y demostrando que se puede salir adelante. Disfruto de la alegría de los niños al encontrar un ambiente que les permite liberar su potencial al máximo.
Espero que mi experiencia motive a muchas mamás —de este centro y de tantos otros— a salir adelante y crecer, profesional y personalmente, cultivando grandes valores para, entre todos, hacer un mundo mejor.
Romi e Isa tienen varias cosas en común: ambas tuvieron tres hijos, saben coser con habilidad y trabajan para salir adelante y mejorar su calidad de vida.
Se conocieron hace varios años, gracias a que sus hijos eran amigos de la escuela. Isa (50) se animó a invitar a Romi (41) al centro ACER de Vicente López. Y una vez que Romi llegó, no se fue más.
A partir de su participación en los talleres, y no sin algunos miedos, aprendieron costura, tejido, bordado, manicura, baile, cocina y bijou, descubriendo talentos que no sospechaban tener. Con mucha valentía decidieron lanzar su propio emprendimiento de bolsas de tela sustentables, a partir de las técnicas aprendidas en ACER y el apoyo del personal del centro.
Un sueño impensado: para Romi, que siempre se consideró desprolija para bordar y descubrió que es todo lo contrario; y para Isa, que luego de una dura historia personal y familiar encontró un rumbo laboral que la motiva y la sostiene.
Empezaron de a poco: con la antigua máquina de coser de una de sus abuelas, un grupo de WhatsApp, y la ayuda de Sergio, el marido de Isa, a quien llaman "El Cortador" por su precisión milimétrica para medir y cortar las telas.
Hoy, junto a dos madres más que conocieron en el centro, son las impulsoras de @madrazasbsas: fabrican bolsas de tela para distintos negocios y trabajan con constancia y alegría para que el proyecto crezca con cada paso.